miércoles, 23 de enero de 2013

2.Gula




Deborando decenas de pinchos
sus dedos indicaban al camarero:
-Ese, ese y ese.

El estómago mandaba
y murmurando entre dientes
lo rico que estaba
se preguntó cuál sería el siguiente,
salado o dulce le era indiferente.

No se detuvo hasta vaciar la fuente
ajena a miradas impertinentes
con la cuenta perdida, repetía:
-Comer bien lo merecía.

LBS
23.01.13


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